Se masca la tragedia…
- 23.08.10
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Una de las cosas que mas ilusion nos hacia de nuestro viaje a Menorca era hacer una excursion en catamaran con Leo.
Como no encontrabamos ningun catamaran, llame a unos que alquilaban su velero.
Estabamos indecisos, porque alquilar una excursion en velero de un dia costaba 90 euros por barba, y Leo pagaba 60.
Pero decidimos tirar la casa por la borda, y contacte con el dueño del velero.
Mi idea era convencerlo de que Leo no pagara, pero me lleve una gran desilucion cuando me dijeron que los niños menores de 12 años no estaban admitidos por problemas que habian tenido en años anteriores con padres pocos responsables.
La ilusion era alquilar un catamaran, pero la realidad te acaba poniendo en tu sitio y acabas en un barco de turistas, en el que ya antes de subir al barco te puedes dar por jodido.
Total que subimos al barco y te sientan en 4 tablas que te hunden las vertebras.
Y lo primero que te anuncia el capitan es que tenemos una hora hasta llegar al primer punto de visita.
Nota: a tener en cuenta que Menorca tiene 48 kms de punta a punta. Y la visita en barco era para ver tres playas que distan entre si por tierra menos de 5kms.
Llegamos a la primera playa donde desembarcamos, previamente el barco tardo mas de 10 minutos en hacer la maniobra de atraque y posicionamiento de la pasarela.
Por momentos pense que seria mas sencillo saltar al agua y llegar a la arena nadando, pero como nadie lo hacia…
La playa estaba en una reserva natural, donde por supuesto no habia edicios, pero esta tan protegida que llega a ser incomoda. Los pinos llegaban hasta la orilla, pero habia una valla que impedia disfrutar de su sombra.
Lo unico que nos quedaba era elegir entre las algas o los mosquitos (naturaleza en estado puro).
A los 10 minutos despues de bañarte empiezas a buscar nerviosamente una sombra (son las 12:00h), debajo de los pinos hay tribus organizadas de turistas.
A nuestro hijo le explicamos que no habiamos cogido los juguetes porque estaba prohibido, a lo que nos responde, mira papa ese niño de al lado si que tiene.
10 minutos mas tarde vemos como el barco que nos ha traido quita la pasarela y se va, perdiendo toda esperanza de refugirnos dentro para evitar las quemaduras del sol.
A las 13:00h el resto de nuestros compañeros de viaje (unos 200) hacen fila ordenadamente en el lugar donde estaba la pasarela.
Esta vez el barco cosigue poner la pasarela en tan solo 20 min., nuestra piel ya echa fuego.
Tienen la buena ocurrencia de haber preparado la paella en la entrada del barco y asi hacer la cola interminable.
Por fin llega nuestro turno de entrada, mi marido con Leo en los brazos socarrados, yo cargada como la mula romera (toallas, esterilla, mochila merienda Leo, gafas snorkerl…) y la tripulacion que sonriente te ofrece tres platos de paella, dos vasos de refresco, los cubiertos de plastico y la servilleta.
Si logras coger todo sin que se te caiga el crio al agua te dan una solicitud para el circo del sol.
El oleage empezaba a causar estragos. La fila era tan larga, que los ultimos estabamos recogiendo la paella, mientras los primeros pedian a gritos bolsas para vomitar.
Era grotesco. Pero aun faltaba lo mejor: la pomada en porron… para borrar las penas ante semejante periplo.
En estas situaciones sabes que la catastrofe es inminente pero los astros se alinean para que te metas en ellos.
Por fin disponibles los
“Todas hemos lllorado cuando hemos vuelto al trabajo y nuestros hijos han sido separados de nosotras.



