LA LACTANCIA MATERNA SIEMPRE ES POSIBLE

Hace unos dias me mandaron un e-mail dandome a conocer una historia increible de relactacion.

Se trata de la historia de Elena y su hijo Gael. Cuando Elena estaba embarazada de 31 semanas se puso muy enferma y tuvieron que hacerle una cesarea de urgencia. Tras la cesarea, Gael fue ingresado en la seccion de prematuros y Elena entro en coma. Cuando Elena desperto del coma recibio un medicamente para “cortar la leche” y el primer contacto con su hijo fue al cabo de 2 semanas.

Con estos antecedentes cualquier persona hubiera tirado la toalla… pero no Elena. Ella lucho por recuperar su lactancia y el vinculo madre-hijo, y el final simplemente nos sirve de apoyo para confirmar que LA LACTANCIA MATERNA SIEMPRE ES POSIBLE.

Podeis leer la historia completa en el Blog de Sina

Aqui os dejo algunos de los parrafos que mas me han impresionado:

“Recuerdo poco más hasta que me desperté, después de varios días, sola, sin hambre, sin frío, sin sed, sin ropa, sin NADA. Me rodeaban equipos y monitores llenos de luces, 7 u 8 goteros, una mascarilla… Miré mi barriga y no lograba recordar si había estado embarazada o no…”

“Un día, no sé si nublado, no sé a que hora, me dieron unas pastillas para inhibir la producción de leche. Primero me negué a tomarlas, si era verdad que tenía un bebé ¿cómo podría cuidarlo sin leche? Tras explicarme la gravedad de mi estado me las tomé y me vendaron el pecho, las lágrimas más espesas que había tenido en mi vida mojaron mi cara y mi cuello hasta la almohada, era verdad, ¡había tenido un hijo! Entonces…, me quitaban el regalo más precioso que podía darle, pero ¡lo recuperaría! No me cabía ninguna duda.”

“Un día me trajeron un bebé perfecto y tremendamente chiquitín envuelto en una toalla, Gael. Lo cogí. No sentí que fuese mío, no podía ser de otra forma, ni mi cuerpo ni mi mente parecían tampoco ser míos. ”

“Cuando me pasaron a planta pude bajar a darle los biberones a Gael. Fueron unos días mezclados de alegría y tristeza. Alegría al saber que Gael había tomado leche materna todo el tiempo, de un banco de leche primero y de unas amigas después. Alegría por saber que su papá le había dado tanto amor sacándole de la incubadora para darle casi todos los biberones del día y colocándolo sobre su pecho, piel con piel, varias veces al día desde que nació. Tristeza porque apenas tenía fuerza para sostenerle unos minutos.”

“Al llegar a casa sentí que no había TIEMPO que perder. Probé con un sacaleches, nada, ni gota, ni ese día ni el siguiente, ni los días posteriores. Gael llegó a casa veinte días después de nacer y, nerviosa y expectante, lo puse al pecho. Se cogía con fuerza, solo hacía falta conseguir que fluyera la leche. Seguí estimulándome con el sacaleches 4 ó 5 veces al día: primero comenzó a salir una leche espesa y anaranjada, seguramente la que se había producido antes de tomarme las pastillas que se había quedado almacenada. Mientras, Gael se alimentaba en biberón de sus mamás de leche.”

“Algo más de un mes después de su nacimiento un hilito fino de leche blanca desliza del sacaleches al biberón. Fue suficiente para avivar nuestra ilusión. ¡Era tan poca! Pero aún así la poníamos en el relactador. Cada día había un poquito más, y según crecía la cantidad crecía mi apego al bebé. “

Deje su comentario